Impunidad Chile
Crímenes e Impunidad

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Capítulo VI
El trabajo con grupos, una experiencia inicial

1. Antecedentes.(1)

El trabajo en terreno nos permitió comprobar, en forma directa y vivencial, las graves y profundas repercusiones que los crímenes habían producido en las personas, las familias y en las pequeñas comunidades rurales donde trabajamos.

Como Equipo de Salud Mental nuestra práctica de atención se había realizado hasta entonces principalmente en forma individual o familiar, tanto con personas liberadas como al interior mismo de las cárceles y casi no teníamos experiencia práctica en intervenciones de tipo grupal en personas afectadas por la represión política.

En el transcurso mismo de la investigación surge como una necesidad ineludible brindar orientación y apoyo integral a las personas con que trabajábamos. Los pocos recursos profesionales y el número cada vez mayor de familiares solicitando apoyo, nos llevó a privilegiar el trabajo grupal, el que se realizó en una de las tres regiones estudiadas (X Región).

El proceso de investigación sobre Verdad y Justicia iniciado en 1988, todavía bajo dictadura, nos había permitido establecer los primeros vínculos con los familiares y elaborar un libro que relataba la magnitud y las características de las violaciones a los derechos humanos ocurridos en la región. Como señalamos, en el transcurso de este proceso de investigación-acción, de establecimiento del vínculo y en los contactos ulteriores con los familiares, pudimos acercarnos a una primera aproximación diagnóstica integral de carácter biopsicosocial de las familias afectadas.

El trabajo grupal se inició en 1990, época en que los familiares vivían de manera muy particular el período de transición democrática. Esto conllevó una actualización y un renovado impulso de la denuncia de los hechos represivos ocurridos en la región, tendiente a develar la verdad de lo acontecido: la ejecución y/o desaparición forzada de personas por agentes del Estado. El nuevo gobierno, como relatamos, creaba una comisión de esclarecimiento de los crímenes cometidos durante los diecisiete años de dictadura.

Por una parte, los testimonios que nos entregaron los familiares, la elaboración del libro "Chile. Recuerdos de la Guerra" sobre los hechos represivos, incluyendo el perfil humano de las víctimas y el nombre de los responsables, y por otra parte, los testimonios entregados por los mismos familiares y/o testigos directos de los crímenes a la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (CNVR), significó todo ello la reactualización del recuerdo de hechos particularmente dolorosos con reaparición de vivencias y de afectos ligados a ellas. Sentimientos de rabia, de tristeza, de culpa, de impotencia, en un contexto de marcada ansiedad, volvieron a invadir a los familiares, quienes manifestaron diferentes niveles de angustia y depresión.

Una vez publicado el Informe oficial del Gobierno, los familiares experimentaron un cierto alivio, ya que se sintieron socialmente menos estigmatizados. La sociedad chilena se enfrentó por primera vez con la verdad de las graves y sistemáticas violaciones del derecho a la vida, verdad reconocida oficialmente por el Estado.

Además, el Informe introdujo la idea de reparación la que tomó cuerpo en una ley que puso el énfasis en medidas de reparación material, otorgándole un menor rango a la reparación jurídica. Los familiares reaccionan de manera intensa y contradictoria frente a estas medidas.

Evidentemente, ante al develamiento de la Verdad, del reconocimiento de las graves violaciones de derechos humanos con sus consecuencias de muerte y desaparecimiento, surgió naturalmente en los familiares el legítimo deseo de justicia: que se sancione a los responsables de los crímenes cometidos. En la medida que la justicia tardaba, aparecieron deseos de venganza, teñidos de sentimientos de culpa, de sentimientos de impotencia, lo que lleva nuevamente a los familiares a una situación subjetiva de indefensión, de marginación social.

VI. 2. Características de los grupos.

La conformación de los gmpos se hizo a través de convocatorias formuladas durante las reuniones de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.

Invitamos a los familiares a participar en grupos de no más de diez personas, con el propósito de poder conocerse mejor, de intercambiar experiencias personales, de apoyarse mutuamente, de aprender sobre la realidad social, de resolver dudas, de vencer los temores, de salir del aislamiento.

Se constituyeron dos grupos que nos parecieron ser bastante homogéneos respecto de la problemática de la violación del derecho a la vida y con características socioculturales comunes. Se trataba de personas de origen campesino, con escaso nivel de instrucción e incluso algunos analfabetos, de bajos ingresos o cesantes. Sin embargo, había heterogeneidad respecto de sus creencias religiosas y/o políticas; respecto de la edad, el rango fluctuaba entre 19 y 81 años; a nivel de género había predominio de mujeres.

Estos dos grupos pertenecían a diferentes provincias de la X Región. Un primer grupo se reunió en nuestra propia sede y funcionó en sesiones quincenales. Se trató de un grupo cerrado y con tiempo limitado.

En cambio, el otro grupo ubicado en una ciudad más distante, fue abierto y sin tiempo límite preestablecido. Funcionó una vez al mes y asistió un mayor número de personas, las que se distribuyeron en 2 grupos de no más de 10 personas cada uno. Se hicieron 20 sesiones en total.

La modalidad de funcionamiento de este segundo grupo estuvo determinada, en parte, por los rasgos propios de la población (dispersión geográfica de los lugares de residencia, lejanía de la ciudad) lo que no les permitía viajar más frecuentemente y, en parte, por nuestras propias limitaciones.

VI. 3. Propósitos.

Nuestra intención era poder acompañar a los familiares de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos en la elaboración de la experiencia traumática en un contexto grupal que les sirviera de soporte emocional y que facilitara la resocialización.

En primer lugar, nos propusimos propiciar la recuperación de la autoestima, interviniendo en aspectos dependientes de la persona misma y de sus relaciones cercanas, a través de:

• Reforzamiento de roles (madre, esposa, hija, dueña de casa, etc.)

• Reforzamiento de vínculos interpersonales, sobre todo familiares.

Un segundo propósito era facilitar la socialización de vivencias y sentimientos asociados a la experiencia represiva, para contribuir al desarrollo de procesos de reorganización emocional y cognitiva de nuevos procesos de significación de lo vivido. Para el logro de este propósito tendimos a:

• Facilitar la expresión de las emociones, odio, rabia, miedo, pena, dolor, etc.

• Propiciar la expresión de sentimientos de vergüenza, de culpa, de venganza, de incapacidad, de impotencia.

• Abordar los efectos tanto en el plano psicológico, subjetivo, como también en el plano de las repercusiones sociales de las medidas del gobierno: Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (CNVR), publicación del Informe de esta Comisión, Ley de Reparación para los familiares concernidos.

• Entregar más elementos de conocimiento sobre la situación sociopolítica actual y pasada, abordando los significados del golpe de Estado, de la represión política, de las medidas actuales de reparación, etc.

Como tercer propósito, surgió la necesidad de estimular la re-creación de los lazos sociales y facilitar la integración de los familiares al medio comunitario. Por un lado, reforzando los roles sociales y, por otro, proponiendo la conformación de un grupo que jugara un rol de contenedor cálido de las vivencias expresadas. Para los familiares que lo conforman, este grupo es propuesto como un modelo de interacción factible de reproducirse en otras situaciones, en otros contextos.

VI. 4. El método empleado.

Los grupos se desarrollaron en un tiempo y espacio definidos con anticipación.

Se solicitó a los participantes la puntualidad y la asistencia a todas las sesiones, en la medida que la presencia de cada persona era necesaria y fundamental para el desarrollo del grupo. Sin embargo, nunca se excluyó a nadie por inasistencias previas.

Adaptamos el horario a la posibilidad de acceso de las personas (horarios de transporte interurbano, horarios de trabajo y/o responsabilidades en el hogar, etc.).

El espacio físico fue suficientemente amplio, temperado, facilitando la participación activa de las personas en un contexto agradable y cómodo. Se trataba de salas de reuniones de nuestro local o de otras instituciones.

La duración de las sesiones fue de 90 minutos en promedio, llegando algunas de ellas a durar más de 2 horas por el interés de los participantes en informarse, intercambiar opiniones, expresar dudas y temores. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando se trató el tema de las medidas oficiales de reparación.

En cada grupo participaban dos facilitadores. Uno de ellos era un profesional psicólogo (terapeuta). Tuvo la responsabilidad general de conducir la sesión: orientar el desarrollo de la dinámica grupal, solicitar la participación, acoger las intervenciones, contener la carga emocional intensa, facilitar el intercambio entre las personas, sintetizar los contenidos más relevantes, sus posibles significados y devolverlos al grupo, rescatar experiencias positivas, habilidades y destrezas individuales y concluir la sesión.

El segundo facilitador (coterapeuta), fue un profesional asistente social, antropólogo y/o educador, que tenía un mayor conocimiento de los familiares por haber participado directamente en el proceso de investigación sobre la verdad que precedió a la constitución de los grupos. Su rol fue secundar estrechamente al terapeuta, reforzando sus intervenciones, facilitando el desarrollo de actividades de dinámicas grupales programadas, acogiendo intervenciones de las personas que no habían sido suficientemente escuchadas o entregando contenidos informativos y/o educativos cuando procedía.

Las sesiones de grupo fueron grabadas íntegramente y luego transcritas, informándose de ello a los participantes, como un medio para trabajar los contenidos vertidos, las expectativas formuladas y poder así preparar mejor las próximas sesiones y evaluar el trabajo grupal.

En casi todas las sesiones, como elemento facilitador, se usó una "dinámica" que permitió a las personas expresarse verbalmente, haciendo una actividad compartida. En estas dinámicas se rescataron técnicas de educación popular, adaptadas algunas veces según los objetivos de cada sesión. También se usaron dinámicas que permitieron revelar procesos psicológicos más reprimidos o anulados.

Se pueden señalar cuatro momentos importantes:

• Evaluación general de lo que fue el encuentro grupal anterior, con participación activa de todos los miembros del equipo. Esta evaluación compartida es restituida al grupo en la próxima sesión en sus aspectos más relevantes.

• Delimitación del tema central que se trabajaría en la próxima sesión. Esto lo hicimos teniendo presente, por un lado, las necesidades que surgen desde los miembros del grupo: profundizar, aclarar, expandir, problematizar los contenidos vertidos y, por otro lado, nuestros objetivos como tela de fondo. También el tema central puede ser un hecho de la realidad que concierne directamente a los familiares, por ejemplo, la Ley de Reparación propuesta por el gobierno de transición.

• Preparación del material y elaboración de las "dinámicas" más apropiadas (juegos, cuentos, etc.).

• Recapitulación de lo que hicimos. A menudo esto adquirió la forma de una minidramatización, que nos sirvió para compartir vivencias, explicitar dudas y también para descubrir y entender mejor la naturaleza del trabajo, que a veces apareció reñido con la ortodoxia aprendida en nuestra formación profesional.

Es así como el cronograma de los temas y contenidos abordados en cada sesión fue variable en función de cada grupo. Para mayor claridad describiremos resumidamente el desarrollo de 8 sesiones de uno de los grupos.

Sesión Nº1: Proponemos una dinámica de presentación individual y trabajar en grupo "cómo hemos vivido todos estos años" (1973-1990).

Muy rápidamente, todos los participantes relatan el hecho represivo particular, vivenciando intensamente los afectos ligados a la situación traumática.

Sesión Nº 2: Proponemos una dinámica proyectiva relativa al familiar muerto, con la idea de avanzar en la elaboración del duelo que aparecía congelado y/o inconcluso.

Las personas del grupo se inhiben, incapaces todavía de situarse en esa relación imaginaria con su familiar.

Sesión Nº 3: Proponemos una dinámica que nos permite conversar sobre la Ley de Reparación: reconstitución de la palabra reparación, a partir de cada letra, y que cada participante otorgue un significado a esta palabra desde su propia realidad.

Esta sesión permitió acercarse a las medidas reparatorias del gobierno de una manera menos contradictoria, menos culposa; de admitir esta Ley de Reparación como un derecho. Sin embargo, los familiares manifestaron la necesidad de castigar a los culpables del daño cometido, como la principal manera de obtener una reparación, de hacer realmente justicia. Ellos sentían que al aceptar la reparación material sin justicia, se hacían cómplices de la impunidad.

Sesión Nº 4: Se propone una dinámica de conocimiento personal (de mostrar algunos objetos personales que llevaban consigo).

Resultó muy interesante el intercambio entre las personas, todas participaron. La mayoría de ellas llevaba entre sus objetos personales algún recuerdo de su familiar muerto o desaparecido. Se lograron importantes niveles de intercambio sobre esa persona, sobre otras personas de la familia, sobre los roles de cada cual, sus intereses, sus proyectos, etc. Se abordó tímidamente la problemática del duelo del familiar.

Sesión Nº 5: Se propone abordar el tema de los Derechos Humanos, facilitado por una dinámica de recortes en los cuales la persona debía identificar uno de éstos.

Más allá del derecho a la vida, nos proponíamos acercarnos a la identificación integral de los Derechos Humanos, de poder nombrarlos y reconocerlos y de hacerlos valer y respetar.

La participación fue desigual, pero al final se logró compartir respecto del tema propuesto.

Sesión Nº 6: Por algunos minutos se propone trabajar en parejas, conversando sobre la historia de vida y sobre la manera de ser de cada cual y luego, en grupo, decir lo que cada uno piensa del otro.

Se produce un rico intercambio, con mucho sentido del humor y confianza, abordándose diversos temas, como el temor al ridículo, la vergüenza, la confianza en sí mismo y en los otros, etc.

Sesión Nº 7: Se propone una dinámica tendiente a representar a su entorno: grupo familiar, grupo de amigos.

Todos escogieron hablar de las personas con las cuales tienen vínculos afectivos más importantes. La mayoría de los participantes representa vínculos familiares más que de amistades.

Se aborda la problemática de la desconfianza/ de la estigmatización social.

Las personas abordan nuevamente la problemática de la pérdida de su ser querido en un proceso de duelo inconcluso, contrastándolo con otros duelos por muerte natural en la familia.

Sesión Nº 8: Proponemos una sesión de evaluación participativa, con ayuda de una dinámica de tarjetas conteniendo una aseveración.

La participación de las personas fue muy buena. Sentimos que, tal vez, las tarjetas estaban de más, ya que las personas verbalizaban sin problema, intercambiando opiniones, reflexionando entre ellas y con nosotros.

VI. 5. Evaluación.

Como parte de la metodología de evaluación del trabajo grupal, se usó el análisis de contenido.

El objetivo del análisis del discurso consiste en poder evidenciar los temas más relevantes que han sido objeto de preocupación para los familiares y poder acercarnos a la expresión del sufrimiento, sea como quejas, malestares o síntomas, y acercarnos también a sus posibles causas y formas de abordaje terapéutico.

La unidad de lenguaje en que se basa este análisis es la idea, entendiendo que nos importa el contenido de las representaciones más que la forma discursiva.

Los temas centrales que aparecieron fueron:

1. No poder hablar. No poder expresarse, la imposibilidad de formular frases expresando pensamientos, sentimientos, deseos. Las palabras que puedan significar lo traumático de lo vivido no se encuentran. Parecen no existir.

2. El miedo. Miedo de ser ellos mismos amenazados o miedo de sufrir el desamparo, la marginalidad social.

3. El cuerpo habla. En oposición al "yo no puedo hablar", esta representación enuncia las diferentes quejas: el dolor somático, las enfermedades físicas y la larga serie de síntomas psicosomáticos enunciados como múltiples pérdidas corporales: pérdida del peso, del sabor, del apetito, de las ganas de vivir, del placer sexual, alcanzando el paroxismo con la pérdida de conciencia.

Sobre este fondo de inhibición del lenguaje verbal y afectivo, de sentimiento íntimo de miedo y de reacciones corporales diversas, se desprende con una nitidez en general aterradora, el recuerdo crudo, brutal, del evento represivo desencadenando una violenta e intensa descarga afectiva.

4. La muerte.

a) Insistencia en la búsqueda de las pruebas de la muerte, en conocer detalles relacionados con la ejecución o con la desaparición forzada del familiar.

b) Negación de la muerte. Esta representación se opone a la anterior y alterna con ella en cada familiar. No pueden aceptar la realidad de la muerte, expresando, por ejemplo, la creencia de que el detenido desaparecido podría en cualquier momento sentarse a la mesa familiar.

c) Relación más íntima y subjetiva con el muerto: diálogo imaginario, llevar consigo un objeto del familiar, imaginar lo que pensaría el muerto de la situación actual.

d) Expresión de afectos, sentimientos y pasiones asociadas al recuerdo del evento traumático: dolor moral, tristeza, rabias, deseos de morir, deseos de matar a los responsables.

5. La culpa. Numerosas son las expresiones de sentimientos de culpa, sobretodo de las madres de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos que alternan, sin embargo, con sentimientos de odio y venganza

6. La reivindicación de justicia. La verdad y el castigo a los responsables como condiciones necesarias para sentirse mejor, para quedar en paz consigo mismo y con el familiar ejecutado o detenido desaparecido.

VI. 6. Reflexiones.

El trabajo con grupos fue otra forma de intervención con las familias y formó parte de un objetivo más amplio y permanente, cual es la búsqueda de un enfoque y tratamiento integral para las personas, las familias y las comunidades víctimas del terrorismo de Estado y la impunidad.

En el logro de dicho objetivo, el trabajo grupal es un eslabón más donde el acento estaría puesto en proponer un espacio facilitador para la verbalización, el intercambio y la elaboración subjetiva de las experiencias traumáticas, un espacio facilitador de los procesos de recuperación de la autoimagen y autoestima, un espacio facilitador de la reconstrucción de la dimensión social de las personas.

Los grupos formados lograron en gran medida alcanzar estos propósitos, constituyéndose en un espacio terapéutico valioso para los familiares.

Por otra parte, fue de suma importancia introducir en las sesiones elementos educativos referidos, por ejemplo, a la realidad de la situación de la violación de los Derechos Humanos, del curso de las medidas de esclarecimiento y de reparación promovidas por el Gobierno, a la situación jurídica y social, y muchos otros aspectos que otorgaran a la persona elementos para comprender y analizar las situaciones pasadas o presentes de violaciones de Derechos Humanos. Se facilitó así la elaboración subjetiva y se contribuyó a resignificar las vivencias traumáticas tanto a nivel personal como grupal.

Debido a la naturaleza misma de la traumatización extrema que vivieron estas familias y que provocó una grave distorsión de los procesos psicológicos involucrados, así como a la imposibilidad de realizar un trabajo habitual de duelo, creemos que para la persona resulta difícil, sino imposible, profundizar la elaboración de estas problemáticas en una instancia grupal.

Pensamos que, en general, es necesario que los familiares accedan primeramente a la elaboración psíquica individual de la experiencia traumática vivida, para poder aliviar la compleja sintomatología que muchos presentan. En un segundo tiempo, como un telón de fondo, especialmente en los familiares de detenidos desaparecidos, se podrá abordar la problemática del duelo. Se trata de un tipo muy particular de duelo, ya que en él la prueba de la realidad de la muerte está ausente.

Los hechos indirectos que aproximan a los familiares a la realidad de la muerte no son suficientes y, más aún, suscitan procesos psicológicos defensivos y/o regresivos que se traducen en la aparición de verdaderos estados de shock postraumático o en la aparición de mecanismos de negación.

Los familiares de detenidos desaparecidos viven un estado de conmoción psíquica. Cada persona reacciona, sin embargo de manera particular con un cortejo de síntomas.

Por último, queremos señalar que consideramos el trabajo grupal como una herramienta válida de intervención terapéutica en estos casos. Más aún, cuando un organismo de Derechos Humanos inicia un proceso de esclarecimiento de los crímenes directamente con los familiares. Este trabajo reactiva la vivencia de los sucesos traumáticos y no es posible dar una respuesta individual dado el gran universo de personas con que se trabaja.

Como no todos los equipos que trabajan en Chile o en el extranjero con esta problemática pueden contar con los recursos necesarios y, en particular, con la necesaria instancia de supervisión, recomendamos abordar la problemática de Violación del Derecho a la Vida con equipos multidisciplinarios, en que cada miembro haga aportes, desde su campo teórico y desde su quehacer, a un trabajo común respetando al mismo tiempo la especificidad de los roles.

Es indispensable además, dado los dramáticos contenidos que aparecen en estos grupos con familiares de víctimas, realizar un trabajo de preparación individual y colectiva de todos los miembros del equipo que habrán de participar.

Deberán considerarse, asimismo, metodologías que definan desde el espacio físico y el tiempo a utilizar hasta los contenidos y las técnicas específicas que se emplearán en cada sesión, incorporando elementos educativos que ayuden a la comprensión y análisis y realizando, por último, un registro detallado y una evaluación que permita una sistematización crítica de cada sesión y de todo el proceso.


Notas:

1. Los contenidos de este artículo fueron publicados, con algunas modificaciones, en el segundo Volumen del Libro "Persona, Estado y Poder". CODEPU-DIT-T. 1996.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 29jun01
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