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09may26


Occidente enfila un punto de no retorno energético: la situación es "insostenible"


Los analistas geopolíticos esperan con una mezcla de expectación y recelo el informe que publicará el 13 de mayo la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Afincada en París, el organismo multilateral inspecciona cada mes la salud de los mercados energéticos. Y el estado actual es cualquier cosa menos saludable.

El interés sobre el nuevo informe obedece a las malas noticias que contenía el previo. Publicado el pasado 14 abril, emanaba esperanza en una tregua entre Estados Unidos e Irán. Tres semanas más tarde y 70 días después del cierre del Estrecho de Ormuz, nada ha cambiado en el Golfo Pérsico. Y nada invita a descartar que Occidente se encamine hacia el peor de los dos escenarios que plantea la AIE. Este implica traspasar en verano un punto de no retorno, tras el cual asoma una crisis energética más profunda y un posterior parón económico.

El escenario optimista de la AIE contaba con un deshielo entre Washington y Teherán. Un acuerdo que permitiera reabrir el Estrecho de Ormuz a lo largo de mayo. En el momento en que la vía marítima vuelva a estar operativa, se recuperarán progresivamente los envíos de crudo, gas y productos refinados.

Ese desbloqueo reactivaría igualmente la producción petrolera y la actividad de refino de cara al verano. Según la AIE, el déficit actual que sufre el mercado alcanzaría su punto álgido en junio. A partir de ahí, la oferta petrolera crecería hasta propiciar un superávit promedio de 2,5 millones de barriles en el segundo semestre de 2026.

El gran problema es que la premisa de la que parte esa previsión no se cumple: el choque sigue vivo en el Golfo Pérsico; y el Estrecho de Ormuz, cerrado. Sin garantías de que el conflicto amaine a corto plazo, Occidente enfila el peor de los dos escenarios. La AIE lo llama "escenario prolongado". No se refiere a una guerra abierta, sino a la prolongación del actual conflicto geopolítico, que mantiene la incertidumbre e impide la vuelta a la 'normalidad'.

"Fuerte contracción" en los mercados

El "escenario prolongado" implica interrupciones habituales en la producción y el transporte de gas y petróleo, cuyo precio se ha estabilizado por encima de los 100 dólares. Y que "los flujos de energía hacia los mercados internacionales continúen ampliamente restringidos". "Esto provocará que los déficits en el balance petrolero persistan, mientras que el aumento resultante de los precios y su impacto económico empujarán la demanda de petróleo hacia una fuerte contracción interanual", alerta el informe de la agencia internacional.

Y un problema más: "La insuficiencia persistente de oferta elevaría la necesidad global de recurrir a inventarios hasta un insostenible nivel de seis millones de barriles diarios, equivalente a pérdidas acumuladas cercanas a los 2.000 millones de barriles para finales de año". Dicho de otro modo, si la oferta no se recupera, Occidente irá apurando sus reservas, muy caras de reponer por los precios de la materia prima. Para salvar esa situación "insostenible" serán necesarios "esfuerzos deliberados de reducción de demanda, para equilibrar el mercado y evitar daños económicos aún más profundos".

Que ese panorama lo dibuje una agencia oficial, de prestigio reconocido, da una idea de los nubarrones espesos que se atisban en el horizonte económico. El estallido de la crisis energética ha sido veloz y destapa conceptos que los analistas tenían archivados. Uno es el del mencionado punto de no retorno: cuando la crisis de precios deja de ser temporal para convertirse en un problema más estructural.

Acarrea, por ejemplo, el rediseño de las rutas de transporte, asumiendo costes más elevados que la tradicional de Ormuz. La desestabilización de las cadenas logísticas acaba salpicando al precio de otros productos, desde los fertilizantes a los microchips. Y acaba 'contaminándose' buena parte de los productos que componen el IPC. Son los efectos de segunda ronda que tanto teme el Banco Central Europeo, porque trastocan su política monetaria.

Otro concepto que manejan algunos analistas estos días es el de "bolsa de aire". El atasco de las rutas marítimas y la incapacidad de los oleoductos para trasladar la oferta retenida implica importantes retrasos en las entregas. Es decir, aunque el suministro se reanudara totalmente por el fin del conflicto, los países receptores tardarían tiempo en tener el producto. Mientras tanto, tienen que tirar de sus reservas petroleras, de las que ya están haciendo uso.

Así lo explicaba a Harvard Business Review Rory Johnston, analista de Commodity Context, una firma canadiense especializada en monitorizar la circulación mundial de materias primas. "El mercado petrolero mundial es, en esencia, un sistema químico en constante movimiento. Necesita fluir a un ritmo constante, y cualquier cambio significativo en ese caudal provoca un gran caos en todo el sistema".

Caos en el transporte marítimo

El estrangulamiento de la ruta de Ormuz ha puesto patas arriba el transporte marítimo mundial. Los analistas que siguen de cerca este nicho han visto en contadas ocasiones una explosión de las tarifas tan elevada en tan corto periodo de tiempo. Las navieras y los 'brokers' que contratan buques pulsan el mercado a través de indicadores como el TCE y el WS.

Las primeras siglas corresponden a Time Charter Equivalent y reflejan los ingresos diarios que generan los grandes buques usados habitualmente en ese tipo de rutas. En 2025, el TCE registró un precio medio cercano a los 133.000 dólares al día en la conexión Golfo Pérsico-China. Ese indicador superó los 400.000 dólares en marzo, tras el ataque de Estados Unidos a Irán.

El WS (Worldscale) es un indicador que parte de una base 100 y permite igualmente comparar el coste de contratar una u otra embarcación. En circunstancias normales, el WS ronda oscila entre 40 y 80. Tras el cierre de Ormuz, el indicador se ha acercado a los 400, un valor pocas veces visto entre los operadores. Para los transportistas es el equivalente a una alerta roja: el precio es disparatado por el máximo riesgo que asume el armador.

Durante las semanas de conflicto, el WS está sufriendo una enorme volatilidad. Por ejemplo, este viernes, el contador marcaba 275, un 450% más en comparación con los niveles precrisis. Refleja, según los operadores, un mercado "caliente", no de guerra pero sí enormemente tensionado.

Cambio de paradigma en los mercados

En vista de lo ocurrido, la industria del transporte se prepara para un cambio de paradigma. Y ahí viene la buena noticia, para algunos analistas: la crisis de Ormuz empujará a la fuerza a los operadores a afianzar otras rutas alternativas, para reducir en el futuro la exposición a ese canal tradicional.

"En la práctica, el poder de chantaje que Irán obtiene de Ormuz se está erosionando. Los flujos comerciales, la tecnología energética y la gestión del riesgo están cambiando más rápido que la narrativa heredada", apuntaba en un análisis reciente Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis y uno de los mayores expertos españoles en mercados energéticos.

Lacalle aporta, entre otras claves, la ascensión imparable de Estados Unidos como "superpotencia exportadora de petróleo, gas y productos refinados". O "una rápida reconfiguración de las rutas petroleras y de contenedores hacia puertos fuera de Ormuz y una mayor dependencia de corredores terrestres a través de la región del Golfo". "Es más caro, pero es viable y, lo más importante, puede planificarse", concluye el economista.

Si algo necesitan en este momento los operadores es certidumbre. Y la lección de Ormuz ha servido para comprender que Occidente debe diluir el riesgo que ha concentrado históricamente en ese estrecho. Puertos como Khor Fakkan, Fujairah o Sohar se están convirtiendo en alternativas sólidas para gigantes como MSC o Maersk. El último de ellos está en Omán y los dos primeros en Emiratos Árabes Unidos. Este país, precisamente, es el protagonista de otro cambio de enorme importancia, desencadenado por el conflicto de Irán.

Emiratos Árabes Unidos sorprendió al mundo hace una semana anunciando que abandona la OPEP. La decisión es trascendental por dos motivos. El primero es temporal: ayudará a mitigar la falta de crudo en los mercados. Al no estar restringido por la cuotas que impone el cartel, podrá liberar su gran capacidad excedentaria de producción.

La OPEP le tenía asignada una producción de 3,4 millones de barriles diarios. Sin embargo, los pozos emiratíes tienen capacidad para bombear cerca de cinco millones. Es decir, en torno a 1,5 millones de barriles podrían salir al mercado.

El segundo motivo tiene más implicaciones. Emiratos Árabes Unidos ha agrietado un cartel que, con sus muchas diferencias internas, siempre se mantuvo unido. Esa unidad férrea es la que provocó, por ejemplo, las crisis petroleras de la década de los 70. La OPEP sale más debilitada del conflicto, lo que reduce la capacidad de presión sobre los precios. Y da alas a productores como Estados Unidos, el país que desató el terremoto. Hoy, 70 días después del cierre de Ormuz, es imposible augurar hasta dónde llegará la onda expansiva.

[Fuente: Por Juan T. Delgado, Vozpópuli, Madrid, 09may26]

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