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17ago25
Urnas cerradas: La sigla del MAS, al borde del precipicio
El Movimiento Al Socialismo (MAS), salvo vuelco de último momento o decisión posterior del Tribunal Supremo Electoral, ha podido firmar en esta elección su acta de defunción si no es capaz de dar un vuelco a las proyecciones que le daban las encuestas.
El MAS ha sido el instrumento político más grande de la historia del país superando incluso al Movimiento Nacionalista Revolucionario. Su implantación territorial y la adhesión a sus dinámicas de muchos sectores sociales rurales y urbanos populares le permitió ganar cuatro elecciones consecutivas - 2005, 2009, 2014 y 2020 - por encima del 50% de los votos. Desde sus entrañas nació el proceso plurinacional que culminó en la formulación de la Constitución Política del Estado de 2009, y también de sus entrañas han surgido las tensiones que han acabado por dinamitar el partido.
El MAS nunca fue exactamente un partido. Nació en 1987 de la mano de David Áñez y Filemón Escobar como una rama izquierdista de Falange Socialista, pero no fue hasta 1997 cuando empezó a tener relevancia. La sigla fue adoptada para facilitar el acceso a la lucha democrática de los sectores populares - principalmente campesinos, indígenas, interculturales y mujeres, pero también gremiales, mineros, cocaleros, etc., - que compartían en el Instrumento Político para la Soberanía Popular (IPSP).
El IPSP se presentó a las elecciones del 1 de junio dentro de Izquierda Unida, donde el jefe de las federaciones cocaleras, Evo Morales, fue electo diputado. Poco después llegaría a la presidencia del partido MAS, que refundaría, y ya en las elecciones de 2002 obtendría un 20,9% de los votos, siendo la segunda fuerza más votada y conformando una fuerza vital en el parlamento. En cualquier caso, la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada fue el resultado de luchas populares en la calle y el MAS accedió al poder en 2005 por la vía democrática, sumando un 53,7% de los votos.
El primer gobierno de Evo Morales, coincidente con la Asamblea Constituyente, resultó revolucionario y trató de materializar todas las propuestas de la Agenda de Octubre, aquellos puntos acordados que se materializaron en las movilizaciones de 2003. Se nacionalizaron los hidrocarburos y otras empresas estratégicas, se lograron importantes condonaciones de deudas y los sectores sociales empezaron a sentir mejoría en medio de una coyuntura internacional favorable. La Constitución fue la cereza de la torta, donde la oposición quedó arrinconada pese a las concesiones alrededor de la autonomía.
A partir de 2010, el IPSP fue perdiendo horizontalidad, el gobierno de Evo Morales apostó por consolidar la hegemonía, hubo purgas internas profundas y muchos pensadores que habían contribuido al desarrollo del proyecto - del propio Filemón Escóbar o Andrés Soliz Rada a Santos Ramírez o Félix Patzi - fueron purgados. El MAS quedó subordinado a las instrucciones del ministerio de la Presidencia.
En 2014, cerrando el superciclo de los ingresos del país, el MAS volvió a arrasar en las generales, aunque se empezaron a sentir desacuerdos. Estas críticas internas fueron zanjadas con la convocatoria del referéndum para solicitar un nuevo mandato de Morales a partir de 2019 y evitar así la guerra por la sucesión. El MAS perdió la cita, tal vez por su precipitación en la convocatoria, tal vez por el agotamiento generalizado o porque se vislumbraba un futuro cada vez más caudillista. Como sea, el círculo cercano optó por desconocer los resultados y buscar artificios para sortear el veto.
Morales concurrió a las elecciones de 2019, que volvió a ganar, aunque por un margen mucho más estrecho, sin llegar al 50%, que unido a las dudas en el conteo acabó con Evo Morales en México y un gobierno de transición. Morales no concurrió a las elecciones de 2020 pero eligió a su sucesor, Luis Arce, a espaldas de lo que pedían los movimientos sociales. Ni bien fue posesionado Arce el 8 de noviembre, Evo Morales retornó a Bolivia.
Se dudó muy poco sobre si aquella cohabitación - jefe de gobierno y jefe de partido distinto - llegaría a buen puerto. Enseguida se supo que no. Morales arreció las críticas a Luis Arce mientras este exigía su derecho a gobernar. Ya en 2023 se consolidó la fractura.
Morales explicó alguna vez que intentó salvar la sigla y el proceso del efecto de la crisis económica que se avecinaba y que efectivamente se llevó por delante a todo el gobierno de Luis Arce, que sin embargo se resistió con uñas y dientes. Arce aun considera que el fracaso de su gobierno se debe, en buena parte, al boicot orquestado por Morales.
En esas, el Tribunal Constitucional acabó dándole a los simpatizantes de Luis Arce el poder sobre la sigla del MAS luego de que el TSE desconociera el Congreso organizado por Morales en Lauca Eñe. Esto dejó0 al propio Morales sin margen de maniobra y no logró sigla para participar en 2025 ni él ni ninguno de sus simpatizantes.
Por su parte, Arce amagó con la candidatura, llamó a la cohesión de las izquierdas e incluso renunció a la candidatura, pero igualmente nadie quiso acercarse. Eduardo del Castillo, ministro de Gobierno y el más feroz crítico de Morales y defensor de Arce asumió la candidatura. Un desafío titánico: salvar la sigla del partido más poderoso de la historia de Bolivia después de un gobierno durísimo. Los nervios recorren el cuartel general. También entre quienes fueron proscritos.
El resultados, en unas horas.
[Fuente: Por Miguel V de Torres, El País, Tarija, 17ago25]
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