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Comunicado Pastoral de Panama

El otro Panamá, sede de la X Cumbre Iberoamericana


El Panamá que les duele a unos y el Panamá que a nadie le importa


3 de noviembre de 2000 (97 aniversario de la segunda Independencia).

3 noviembre 2000


Campesinos harán escuchar su voz en la cumbre.

Sin mayores trámites, el consejo de gabinete del gobierno de Panamá decidió la compra de 17 autos Cadillac a un costo de más de medio millón de dólares para transportar a los mandatarios y jefes de Estado que asistirán a la X Cumbre Iberoamericana, que se realizará en nuestro país el 16 y 17 de noviembre. Miembros del gobierno han dicho que, terminada la cumbre, los Cadillac serán asignados para el uso de los ministros.

Como usualmente sucede en estas cumbres, muchos tratan de vender una imagen del Panamá superficial y cosmético, propia del turismo cronometrado. La injustificable compra de los 17 Cadillac, en un país en donde la mitad de su población sufre el drama del empobrecimiento, es sólo una muestra de lo que afirmamos.

La comunidad de San Cristóbal, montaña adentro en la provincia de Colón, el día 7 de noviembre, será el escenario de la reunión campesina para celebrar del primer aniversario de la creación de la "Gran Asamblea Campesina contra la Inundación" que reúne a campesinos de las provincias de Panamá, Coclé y Colón. No se trata de una "cumbre", sino de una reunión de la base campesina y sus dirigentes. Los campesinos han anunciado que una delegación viajará hasta la ciudad de Panamá y estará presente durante la realización de la cumbre Iberoamericana para dar a conocer el otro Panamá, el Panamá profundo que les duele a unos y el Panamá que a nadie le importa.

En la historia, se repite el abuso, la marginación y el saqueo.

El video propaganda acerca de la mina de cobre de Cerro Colorado dio siempre la impresión de que el gobierno de Panamá había encontrado una mina en un territorio totalmente vacío de habitantes, a pesar de que dicha mina estaba en el corazón mismo de la comarca indígena Ngóbe; así pensaban funcionar tanto el gobierno como la empresa privada respecto a los habitantes y legítimos dueños indígenas de esa región.

Cuando el gobierno y los empresarios privados hablan ahora de la ampliación de una nueva cuenca hidrográfica para el canal de Panamá funcionan exactamente igual, sólo que ahora prometen cosas distintas. El administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) prometió al arzobispo de Panamá (ver Panorama Católico del 5 de marzo del 2000) que la participación comunitaria sería la base de cualquier solución en la cuenca hidrográfica; que los planes y programas que pudieran surgir allí podrían traer grandes beneficios a los habitantes del área, preservar el medio ambiente y propiciar el desarrollo sostenible a largo plazo en la región. Pero todo, una vez más, se está haciendo, tanto por parte del gobierno como de la empresa privada, como si en la región afectada no estuvieran ni viviendo ni trabajando desde siempre, miles y miles de hombres y de mujeres campesinas.

Todo se está organizando allí, no en función del pueblo, del pueblo-pueblo, de Panamá, sino en función y provecho de la oligarquía panameña que se ha hecho dueña de todos los bienes que, se supone y se afirma, iban a ser devueltos al "pueblo" de Panamá.

La ampliación de la cuenca.

En el Panamá de hoy, país sede de la X Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y gobierno, la agresión violenta a los nacionales y a la tierra, se hace en el nombre del dios del progreso y de las leyes del mercado: lucro, ganancia y acumulación. Esta ha sido la base de los argumentos esgrimidos por la Autoridad del Canal de Panamá (acp), para tratar de justificar el proyecto faraónico de la ampliación de la cuenca hidrográfica del Canal. Como antes, continúan los signos de muerte sobre los ciudadanos del istmo.

La Ley 44, que establece los límites de la nueva cuenca occidental del canal de Panamá, fue elaborada con el propósito preconcebido de adelantar la construcción de un tercer juego de esclusas que, a su vez, sólo es posible, realizando el embalse de tres ríos: Indio, Caño Sucio y Coclé del Norte. Los límites de la cuenca comprenden 213 mil 112 hectáreas en las que, desde mucho tiempo atrás, viven cientos de comunidades campesinas. En un principio, miembros de la acp dijeron que las personas que se afectarían no serían más de 8 mil 500, después, la misma acp, ha dicho que son unas 35 mil personas. Sin embargo uno de los grupos que se ha organizado para rechazar la inundación de sus tierras: la "Gran Asamblea Campesina contra la Inundación" ha señalado que serán afectadas más de cien mil personas.

Agua, recurso no renovable.

El monstruoso proyecto de la cuenca occidental del canal, se pretende hacer en los precisos momentos en que el mundo está conmocionado por los daños causados al planeta por una industrialización y un progreso marcados por el consumismo absurdo y desmedido. La propia Organización de las Naciones Unidas nos está alertando sobre la previsible escasez de agua que tendremos en el planeta en el año 2010.

Sumado al enorme y complicado drama social que implicaría la construcción de la cuenca artificial, está el enorme e irreversible daño ecológico, que se hace evidente, cuando se pretende represar tres importantes ríos de la geografía panameña para la creación de los embalses. El Canal funciona como una especie de escalera acuática que devora las aguas del lago Gatún -lago artificial creado para el funcionamiento del canal-, desde su funcionamiento en 1914, con el paso de cada barco, el agua dulce es vertida a los océanos Atlántico y Pacífico. Cada esclusaje representa 55 millones de galones de agua dulce que nuestro país tira al mar. En su capacidad máxima, el Canal demanda unos 2 mil 420 millones de galones de agua dulce, equivalentes a 44 esclusajes en un día.

Antes, está Panamá entero.

La oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas de Panamá quiere dejar claro que Panamá entero está antes y prioritariamente que el canal o su cuenca hidrográfica. Antes que el canal está la vida, la vida concreta de los miles de panameños y panameñas que siempre han vivido y laborado honradamente en la región, que ahora, la Autoridad del Canal de Panamá, quiere inundar. La acp actúa con la más pura lógica del mercado: lucro, ganancia y acumulación, ésa es la medida que usa el sistema para los seres humanos y la naturaleza toda. Así, lo que debería ser primero, es desplazado al último lugar.

Por encima y contra el ser humano y la madre Tierra que nos cobija en Panamá, los señores del poder colocan la ampliación de la cuenca. Pasa como siempre, un grupo minoritario, pero amparado en la fuerza y el poder que le da el dinero que poseen, insiste en colocar como primero las demandas del canal, ansioso por satisfacer las leyes del mercado, en el injusto comercio internacional.

Como se desprende del amor de Dios, los campesinos honrados y productores de la alimentación, debieran ser los primeros panameños que recibieran efectivamente beneficios de ese canal, supuestamente devuelto al "pueblo" de Panamá. Una vez más, la globalización y el sistema liberal demuestran sus verdaderas intenciones: hacer más ricos a los ya ricos a costa de hacer más pobres a los ya empobrecidos.

Monseñor Carlos María Ariz, cmf, obispo de Colón-Kuna Yala y presidente de Pastoral Social-Cáritas de Panamá, decía con toda razón (ver La Estrella de Panamá del 19 de julio de este año): "Hay una ley que otorga a la autoridad del canal de Panamá unos terrenos para modernización del canal, pero no hay ninguna ley, ni ningún documento que garantice a los campesinos la recompensa que ellos merecen por perder sus tierras y esto ha creado una desolación entre esta población que ya no se fía de nadie". El tiempo no ha hecho otra cosa que justificar esta desconfianza de los campesinos y esta argumentación del señor obispo. La alternativa es clara: o Panamá panameñiza totalmente este canal y este territorio, o el canal va a acabar canalizando enteramente al pueblo y territorio de Panamá, convirtiendo irracionalmente el medio en fin y el fin en medio; ¿no vamos a hacer nada para impedir esta enorme injusticia?

Cuando analizamos a fondo la superficialidad con la que la Autoridad del Canal de Panamá trata el tema de la ampliación de la Cuenca, aparece ante nosotros la dura evidencia de que vivimos como en dos "Panamás", el Panamá que les duele a unos y el Panamá que a nadie le importa.

Los campesinos de la "Gran Asamblea" se resisten a desaparecer, y para existir, no les queda otra solución que luchar. Su lucha es por vivir en un Panamá en el que los campesinos tengan un lugar; en donde la dignidad de los seres humanos y de la tierra que habitan, esté por encima del afán de lucro y ganancia que tratan de imponer las leyes del actual sistema de globalización neoliberal.

Nuestra identidad.

El mensaje del VI Encuentro Nacional de Pastoral Indígena, celebrado en octubre de 1998, con la participación de representantes de los pueblos ngóbe, emberá, wuanán, kuna, naso y buglé, reunidos con obispos, misioneros y misioneras de la Iglesia Católica que trabajan desde hace años con los pueblos indígenas, describe así, las causas de la problemática de nuestra identidad:

"La imposición de un sistema que viene de fuera; que nos separa, que mata, que no responde ni a las necesidades ni a la forma de ser de los pueblos indígenas. Un sistema que impone otra lógica y otra manera de vivir, al margen de nuestras culturas.

Un sistema que crea nuevas necesidades, sin ofrecer nuevas oportunidades de trabajo. Que nos obliga a migrar y trabajar fuera de nuestras tierras, en condiciones de hacinamiento y de esclavitud que violan los derechos humanos más fundamentales.

Un sistema dominador que trae consigo: minería, que destruye, los ecosistemas, divide a los pueblos y daña a las comunidades. La politiquería, que nos presenta una falsa democracia, donde el poder se concentra en falsos líderes que obedecen a intereses foráneos, intereses que aplastan la identidad y la vida del pueblo. Las sectas religiosas, que niegan e irrespetan la cultura de los pueblos y favorecen el sistema de opresión y de explotación."

Amor a la tierra, la Madre Tierra: que es para nosotros un lugar teológico, y un lugar privilegiado para vivir nuestras relaciones con Dios, con los demás seres humanos, con toda la naturaleza. La Madre Tierra, que nos da la vida, que es nuestra vida."

Empobrecimiento por la mala distribución de las riquezas.

En su mensaje final, los participantes en la I Asamblea Nacional de Pastoral Social-Cáritas, realizada en octubre de 1998, describen la situación de empobrecimiento que asfixia nuestra gente de la siguiente manera:

"El empobrecimiento y la exclusión de los sectores populares de la población panameña se entierran como una estaca de odio y muerte en el corazón de la nación. Los diferentes métodos utilizados para medir los niveles de empobrecimiento nos muestran un Panamá de rostro sufriente y humillado.

En las áreas rurales, donde se concentra el 45 por ciento de la población, más del 50 por ciento es pobre, y de éste, el 38 por ciento sufre empobrecimiento crítico. A estos panameños y panameñas, sus ingresos ni siquiera les alcanzan para la alimentación. El 93 por ciento de los habitantes en las zonas indígenas han sido empobrecidos, de ellos casi el 85 por ciento son empobrecidos críticos. El empobrecimiento en el país, concentrado en el sector rural, sigue siendo más violento entre los pueblos indígenas. Aquí el acaparamiento de tierras impide el acceso de los campesinos pobres a la propiedad de las tierras donde viven.

Esta realidad de empobrecimiento, también se da en las áreas urbanas. Aquí, el desempleo es la principal causa. A la cifra oficial, que señala el 12 por ciento de desempleo, hay que añadirle el 21 por ciento de subempleo, lo que nos indica un 33 por ciento de desempleo en la población económicamente activa.

La falta de equidad es la carta de presentación del país. Al analizar y comparar la posesión de las riquezas del 20 por ciento de los más pobres con el 20 por ciento de los más ricos, vemos que por cada dólar que un pobre gana, un rico gana 30.

El sistema económico vigente margina y excluye a estas personas mientras concentra las riquezas en pocas familias. La brecha entre ricos y pobres, denunciada desde los primeros tiempos de la Iglesia, el Evangelio, el Magisterio y en los documentos del episcopado latinoamericano, es una realidad denunciada como escándalo para la humanidad que aumenta vertiginosamente con la actual economía de mercado.

Consecuencia de esta situación, crece en el país la criminalidad, la exclusión de los sectores populares de los servicios de salud y educación de calidad, la degradación del ambiente natural y la corrupción política, provocando un circulo vicioso que nos impide salir del empobrecimiento creciente".

Algunas propuestas y alternativas estructurales.

A los campesinos, y a los que los acompañamos en sus luchas, se nos ha cuestionado sobre las propuestas y alternativas para el desarrollo del país, que no sean tan lesivas como la pretendida ampliación de la cuenca.

El mayor uso social de las riquezas del Canal.

Promover el mayor uso social -bien común- de las áreas revertidas y las riquezas del Canal, para que en verdad beneficien a toda la sociedad panameña. Esto exige brindar opciones educativas y laborales para la juventud, relacionadas con la operación del Canal y asegurar que la modernización de esta vía, no vaya en contra de las personas empobrecidas y de las futuras generaciones. En nombre de la modernización, en ningún caso podemos aceptar que se atropellen derechos humanos consagrados, ni que se perjudique la calidad y el respeto a toda la enorme diversidad de vida presente en nuestro territorio. Si en verdad es desarrollo, éste tiene que ser sustentable y respetuoso de la vida humana y de la ecología.

La construcción de dicha cuenca hidrográfica artificial afectaría a miles de personas en cientos de comunidades campesinas, que por varias generaciones han habitado las tierras que pretenden ser inundadas. Reafirmamos que el criterio y el valor fundamental ha de ser la persona humana en su permanente e indispensable relación con la naturaleza.

Se trata de garantizar que el canal y su manejo sea un asunto de todos los panameños, lo que implica que su servicio y sus recursos no se puedan seguir utilizando, ahora, como un nuevo enclave controlado por los poderes económicos de dentro y fuera del país. Es hora de que el canal de Panamá sirva a los panameños, y no solamente al comercio exterior. Para ello hace falta democratizar toda la información del funcionamiento del canal y sus ingresos, frenar cualquier intento por privatizarlo y garantizar que su manejo esté libre de condicionamientos de la política partidista muy ligada a intereses particulares. Panamá debe promover y realizar todos los trámites legales y de incidencia política para lograr la pronta eliminación del Tratado de Neutralidad permanente que atenta contra la soberanía del país.

El otro Panamá que no se ve desde la X Cumbre Iberoamericana.

La declaración de los participantes en el I Congreso Nacional de Pastoral Social Cáritas, realizado en la ciudad de Panamá en octubre de 1999, dice lo siguiente sobre la realidad de Panamá:

"Panamá junto a los pueblos del Continente y el mundo, sufre la explotación y el empobrecimiento creciente, como causa de la injusta deuda externa, el sistema socioeconómico neoliberal y las otras estructuras de pecado, que concentran mucha riqueza en pocas manos y excluye a millones de hombres y mujeres. No se puede ocultar que existe una enorme deuda social histórica, que está en la base del empobrecimiento de la mayoría de los países del sur. La realidad del mundo de hoy, pone en evidencia la desigualdad y la injusticia social, que pareciera elevarse como la norma que rige la convivencia internacional.

En este panorama internacional, Panamá se nos revela como uno de los países de mayor desigualdad en el mundo. Nuestro país está entre los primeros a la hora de la mala distribución de la riqueza. Nuestra Patria, en la vida de sus hombres y mujeres, especialmente de las personas empobrecidas, y en la vida también de su naturaleza, la madre Tierra, ha sido mancillada por los poderes de dentro y de fuera, que en común acuerdo, aumentan la acumulación de sus riquezas.

El robo y la usura, iniciado desde el comienzo, continúa hasta nuestros días por otros medios. Las privatizaciones en nuestros países, como avalancha de muerte, arrastran a las empresas nacionales de utilidad pública en nuestros países: teléfonos, electricidad, salud, educación y agua; auténticos derechos ciudadanos indispensables para la vida, los han convertido en negocios lucrativos y rentables. Empresas, bienes y riquezas que pertenecen a la población, como lo son las áreas revertidas, las dan en concesión a compañías extranjeras, que actúan como auténticas dictaduras económicas que esparcen sufrimiento y miseria en nuestros pueblos.

En el mismo Congreso, los participantes nos comprometimos a:

"En nombre de Dios nos comprometemos a acompañar las poblaciones campesinas de las provincias de Colón, Coclé y Panamá, en donde se tiene planificado construir una nueva subcuenca para el Canal de Panamá. La construcción de dicha cuenca hidrográfica afectará a miles de personas en cientos de comunidades campesinas que, por varias generaciones, han habitado las tierras que serán inundadas. Reafirmamos que el criterio y valor fundamental ha de ser la persona humana. ¡Por encima del propio Canal de Panamá y sus necesidades, estarán siempre los seres humanos! Las comunidades campesinas también son parte del país y de la Patria que se pretende beneficiar. Como Iglesia pueblo de Dios, nos comprometemos a realizar, conjuntamente con las poblaciones afectadas, un serio estudio sobre el impacto ambiental y social.".

A propósito de la segunda Independencia que ahora conmemoramos.

La historia oficial avanza a trompicones y con anteojera, para observar, sólo la parte que, según los de arriba, es la buena, porque dibuja un panorama de eterno dominio y sumisión, que les permite vivir del trabajo y el sudor ajeno. Bien atentos debemos estar a la hora en que rememoramos los próceres y paradigmas de la Patria, no todos lo son, también los hay, enemigos y traidores a la Patria. Lo decimos porque la Patria es el hombre y la mujer que defienden la vida y la libertad. Urraká, Felipillo, Ballano, Justo Arosemena, Victoriano Lorenzo, Rufina Alfaro, Ascanio Arosemena y Héctor Gallego, son sólo algunos de los ejemplos del Panamá profundo, del Panamá que cuestiona permanentemente la superficialidad y la ceguera de la oligarquía nacional.

Llamado a la conciencia nacional e internacional.

La oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas de Panamá, los misioneros y misioneras de la Iglesia que trabajan en las comunidades campesinas de las tres provincias y los campesinos que se han organizado para reclamar sus derechos, llamamos a la comunidad nacional e internacional a voltear la mirada hacia el Panamá profundo.

Héctor Endara Hill

Coordinador de la oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá.

Panamá, 3 de noviembre de 2000 (97 aniversario de la segunda Independencia)


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