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11jun22


Malestar en Exteriores: "Albares es el hazmerreír de Europa"


Con las empresas españolas enfrentándose a una cascada de cancelaciones de pedidos desde Argelia, José Manuel Albares decidió ayer viernes modificar su agenda y encaminarse a "mamá Bruselas". Para algunos de sus otrora correligionarios en el ministerio de Asuntos Exteriores, su repentino viaje en busca del calor de la UE es el último episodio de "los errores catastróficos" que arrancaron en marzo, con el histórico y unilateral cambio de posición en el contencioso del Sáhara Occidental. Una desgraciada sucesión de patinazos que complican ahora la ecuación de recomponer lazos con Argel sin hacer un nuevo roto con Rabat y que, pronostican algunos funcionarios, le terminará costando el puesto por mucha cercanía que presuma con Pedro Sánchez.

En los pasillos de Exteriores son ya muchos los que no dan crédito al curso de los acontecimientos, agravados esta semana con la suspensión del tratado de buena vecindad y la congelación de las operaciones de comercio exterior por parte de Argelia. Y no escatiman en adjetivos contra el jefe de la diplomacia española. Desde "patán" hasta "pirómano" o directamente "incompetente". "La imagen que estamos dando en Europa es que hemos entrado en el grupo de Chipre o Grecia, países que no saben gestionar por sí solos su diplomacia y recurren a la Unión Europea. Es de una indignación absoluta. Albares es el hazmerreír de Europa", desliza en declaraciones a El Independiente un curtido diplomático español.

Albares pide el auxilio de Bruselas

Desde la capital comunitaria, Albares señaló, rozando la súplica, que el deseo del Gobierno es que «se vuelva lo antes posible al diálogo, a la amistad que tiene el pueblo de España con el pueblo argelino» y a restablecer «unas relaciones económicas normales entre España y Argelia, entre la UE y Argelia». El ministro se reunió con el alto representante para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y el vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Comercio, Valdis Dombrovskis. En el cuerpo diplomático español se recordó ayer que, paradojas del destino, Albares ha buscado ahora el abrazo de Borrell, "a quien le hacía la vida imposible cuando era ministro de Exteriores y Albares un simple secretario general".

El apoyo de La Moncloa al plan marroquí de autonomía para el Sáhara desbarata 47 años de «neutralidad activa» en el último proceso de descolonización en el continente africano. "En 1975 España se puso bajo el paraguas de la ONU en los siguientes términos: Lo que la ONU dijera, nosotros lo aceptaríamos y eso nos ponía a salvo de la pugna por la hegemonía que tienen Argelia y Marruecos en el Magreb y de la que el conflicto del Sáhara es consecuencia", subraya en declaraciones a este diario Jorge Dezcallar, ex embajador español en Marruecos, El Vaticano o Estados Unidos. "Ahora nos hemos alineado con Marruecos, nos hemos metido en mitad del conflicto y Argelia se ha enfadado. Era previsible".

Desde medios de comunicación afines a Ferraz, se ha tratado de minimizar los acontecimientos registrados en los últimos 83 días, desde que la Casa Real marroquí filtrara la carta de Sánchez a Mohamed VI. Los han atribuido a "errores de cálculo": Albares no sabía o no esperaba una reacción tan agresiva de Argel. "Realmente las cosas no se pueden hacer peor. Estamos llegando al nivel de haber malbaratado el caudal diplomático de más de 40 años", alegan fuentes internas del ministerio. "Es una combinación de desconocimiento y falta de preparación", desliza otro veterano diplomático español. "La incapacidad de Albares es manifiesta y patética", recalca.

Ninguneo a Argel

Tal y como avanzó este diario en marzo, Albares no consultó el cambio de posición con los expertos del "dossier saharaui" en el ministerio. Quienes conocen los pormenores del delicado asunto -uno de los pocos en los que hasta ahora España tenía capacidad de influir a nivel internacional- subrayan el "ninguneo" al que se ha sometido a Argel desde entonces. Las declaraciones públicas del ministro no solo no han ayudado a apaciguar el malestar sino que han agravado la reacción a fuego lento del Gobierno argelino. "El primer error es que no se ha hablado con la parte argelina. No se ha intentado establecer un contacto. Todo han sido declaraciones inanes repitiendo como un disco rayado que es un socio fiable y que queremos la mejor de las relaciones", advierten diplomáticos consultados.

En el fondo lo que subyace es "un desconocimiento total de lo que significa Argelia y de cómo hay que tratar con este país". "Y el asunto ha terminado estallando y a Albares solo se le ocurre la peor de las soluciones: acudir a Europa", arguyen. Fuentes de Exteriores consultadas por este diario aseguran, no obstante, que "las vías diplomáticas están abiertas como lo está nuestra Embajada en Argel". Unos canales que, a la luz de las medidas adoptadas esta semana por el establishment argelino, no han demostrado ninguna eficacia.

En el ministerio vinculan estos patinazos a la decisión de Albares de prescindir de funcionarios baqueteados por años de labor discreta y la orden de sustituirlos por diplomáticos con menos experiencia, una suerte de "hooligans" que aplauden al ministro y no discuten sus resoluciones. Una ausencia de veteranía que ha conducido a la diplomacia patria a "la peor herencia en política exterior después de la decisión de invadir Irak". "Son dos legados realmente difíciles, completamente envenenados", deslizan.

Una ecuación imposible

A juicio de Dezcallar, resulta "muy difícil poder reconducir las relaciones porque nos hemos metido en un charco y el barro nos llega a la cintura". "Argelia quiere que demos marcha atrás y no creo que Pedro Sánchez lo vaya a hacer. Y si lo hiciera irritaría a Marruecos. Me temo que este gobierno lo tiene difícil", agrega. En Argel el régimen ha lanzado un órdago a Madrid de consecuencias aún por cuantificar. A última hora de ayer la misión del país árabe ante la UE aseguró que la respuesta a España no afecta "ni directa ni indirectamente a los compromisos contenidos en el Acuerdo de Asociación Argelia-UE", entre las advertencias de la Comisión Europea de "hacer frente a cualquier tipo de medida coercitiva» de Argel contra cualquier país europeo.

La grave crisis diplomática abierta con Argelia ha colocado en la diana a Albares, apenas once meses después de llegar al ministerio. Hay quien desempolva el "vía crucis" que padeció su predecesora. Sánchez prescindió de Arancha González Laya para tratar de dejar atrás la crisis con Marruecos a propósito de la acogida de Brahim Ghali. El presidente podría ahora acabar enfilando el mismo derrotero a pesar de la insistencia con la que se manifiesta desde La Moncloa que Albares goza de "un apoyo total y rotundo".

"Ya cayeron otros que parecían intocables como Carmen Calvo y José Luis Ábalos", admiten en Exteriores. "Con el tiempo se ha demostrado que el nombramiento de Albares ha sido una cagada [sic] importante. Es ministro cuando tiene la experiencia de un subdirector general y un consejero cultural en París. Y de ahí ha pasado a gestionar asuntos muy sensibles que requieren de años de experiencia".

Las sombras no se han disipado

En estos dos meses y medio, y a pesar de las sucesivas comparecencias parlamentarias, ni Sánchez ni Albares han aclarado las razones de peso por las que se alinearon con Rabat. Ningún partido, excepto el PSOE, ha sido seducido por las vagas explicaciones de ambos. Siguen flotando en el aire las sospechas de que se debe a una suerte de "chantaje" -con Melilla y Ceuta, los flujos migratorios o las aguas canarias como trasfondo- o a una presión estadounidense. Algunos no descartan que sea fruto del espionaje de los servicios secretos marroquíes a los móviles de Sánchez y los ministros de Defensa, Exteriores e Interior. "No tengo ningún problema con mi móvil", declaró el miércoles el presidente del Gobierno en el pleno del Congreso, entre las insinuaciones de algunos partidos.

Según los diplomáticos consultados, España ha proyectado una imagen de "debilidad en el Magreb con la decisión inexplicable e inexplicada de cambiar el planteamiento español con respecto al Sáhara sin calcular las consecuencias que tendría para las relaciones con Argelia". "Todavía no sabemos por qué Sánchez decidió cambiar una posición de medio siglo de vigencia. Hoy la situación que contemplamos es la de un país constantemente sometido al chantaje de sus vecinos del sur", lamenta un ex embajador.

Más allá del destino final del ministro que quebró 47 años de consenso sobre la ex colonia española, Dezcallar resume con brevedad "la lección Albares": "Hay que pensar más antes de hacer cambios en política exterior que no tienen apoyo ni en el Parlamento ni en la opinión pública, a los que nadie ha explicado aún los beneficios que de esta decisión se derivan para España y para el fin del conflicto del Sahara. Y quizás involucrarse muy activamente con las partes en busca de un acuerdo que si fuera fácil hace años se habría logrado. Nos hemos metido en un avispero y nadie sabe por qué".

[Fuente: Por Francisco Carrión, El Independiente, Madrid, 11jun22]

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