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12ago19


Karima Benyaich, la mujer que cambió las relaciones entre España y Marruecos


Karima lo consiguió. Se ha mimetizado tanto en su papel que lo ha cumplido a pie del guión dictado desde Rabat. Con discreción. Sin hacer mucho ruido. Pasando desapercibida delante de los focos. La diplomacia y buen temple de la hija de la granadina Carmen y del que fuera médico personal del rey Hassan II ha ayudado a reconciliar el idilio pasado entre los socialistas españoles y el reino de Mohamed VI.

Karima Benyaich (58 años) lleva un año al frente de la Embajada de Marruecos en España. Cuando tomó el cargo, en medio de una crisis migratoria sin precedentes, las relaciones bilaterales se tambaleaban. En Rabat no hizo mucha gracia la idea del ministro Marlaska de retirar las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla. Tampoco que sus amigos del PSOE llegaran a La Moncloa empujados por un partido (Podemos) al que consideran "pro saharaui". Ni que, mientras ellos hacían "el trabajo sucio" con los inmigrantes, desde Madrid, se lavaran las manos e hicieran gestos como acoger el Aquarius.

Hoy todo ha cambiado. Las concertinas siguen donde las puso el Gobierno de Zapatero mientras impulsaba su Alianza de Civilizaciones y Marruecos ha construido junto a la valla de Ceuta otra alambrada más larga y con más cuchillas. En Rabat ya tienen los bolsillos llenos después de que España mediara con la Unión Europea para dotar al país vecino de unos cuantos millones y medios para combatir la inmigración irregular hacia la Península. Crecen las redadas en bosques, campamentos y pisos donde aguardan los inmigrantes la oportunidad de cruzar el Estrecho o el Mar de Alborán. Desde la Asociación Marroquí de Derechos Humanos denuncian que las fuerzas auxiliares están "deteniendo a todos los subsaharianos que se encuentran".

A muchos los bajan hasta el sur y los dejan tirados en medio del desierto. A otros los encierran hacinados en pequeñas celdas dentro de un centro de detención ilegal en Arekmane (a 20 kilómetros de Melilla) y después los deportan a sus países. La compañía Royal Air Maroc fleta continuamente aviones hasta Camerún o Senegal para devolver lo que Occidente no quiere.

"La cooperación hispano-marroquí ahora es impecable en todos los sentidos. A Pedro Sánchez le ha costado, pero se ha dado cuenta que nos necesita más de lo que creía", suelta una voz autorizada del Ministerio del Interior marroquí. Y señala a la embajadora Benyaich como una de las responsables. Un ejemplo de su buen hacer diplomático lo vimos el pasado 30 de julio durante la Fiesta del Trono. Este año se celebraban las dos décadas de reinado de Mohamed VI. Y Benyaich preparó en su residencia un festejo por todo lo alto al que asistieron más de 500 personalidades de ambos reinos, entre ellos seis ministros del Gobierno de Sánchez. Los días previos al evento, la embajadora ya se había movido para llenar los grandes periódicos de este país de artículos elogiosos hacia el progreso alcanzado en Marruecos durante el reinado de Mohamed VI: usaron su pluma Pedro Sánchez, Zapatero, Miguel Ángel Moratinos... hasta el ex presidente Mariano Rajoy no escatimó en elogios.

Durante la fiesta se plasmó la excelente relación que la vicepresidenta, Carmen Calvo, tiene con Benyaich. También se vio compartiendo confidencias a Marlaska con el coronel mayor de la Gendarmería Real, Ahmed Lemkhir. El ministro felicitó al militar por los esfuerzos que están haciendo para frenar la llegada de inmigrantes a España. Aunque Marlaska nunca ha querido conocer al detalle en qué consisten exactamente los "esfuerzos" del país vecino.

En ambas orillas, tras los datos sobre la reducción de llegadas de pateras a España, los que trabajan a pie de terreno atendiendo a los inmigrantes ponen el foco en las redadas masivas y en que la Marina Real marroquí ya no ignora las salidas de pateras en sus aguas. Salvamento Marítimo ahora sólo entra en su zona si sus homólogos del país vecino lo solicitan.

Marruecos también ha endurecido su lucha contra las mafias que trafican con los inmigrantes. Ya no salen tantas toys (barcas hinchables) con subsaharianos como el pasado verano. Ahora los principales clientes de estas embarcaciones son marroquíes y, en su mayoría, menores de edad. Los eslabones de las redes han salido de su principal zona de operaciones (Tánger) y se han desplazado al otro extremo del país, asentándose alrededor de la ciudad de Nador. El mando lo han tomado los cabecillas, instalados en Francia, que siguen organizando viajes a la carta para aquellos que tienen más de 3.000 euros. Por eso los inmigrantes llegan a los centros de acogida españoles con la misma premura con la que se van.

Hoy, España y Marruecos se estrechan la mano como buenos amigos. Pero sus relaciones cambian con la misma soltura que los flujos migratorios que las acompañan.

[Fuente: Por Lucas de la Cal, El Mundo, Madrid, 12ago19]

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