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17mar26


Jark, la isla petrolera de Irán que Trump no puede arrasar sin provocar un 'shock' en el comercio mundial


El sábado, el Mando Central del Ejército EEUU anunció la destrucción de numerosos objetivos militares en la isla de Jark, junto a la costa norte del mar Arábigo. Un día antes, se supo que varios buques de asalto anfibio con 2.500 marines habían salido de su base en Okinawa rumbo al Golfo Pérsico. Todo apunta a que se está preparando una invasión. La cuestión es si Trump está listo para dar la orden de desembarco.

La isla de Jark es el centro de distribución del crudo iraní hacia el resto del mundo. La mayoría del petróleo extraído en aquel país sale por los terminales de este enclave y China es, con diferencia, su principal cliente. Se estima que un 90% se exporta al país asiático.

Controlar Jark sería un movimiento de un valor estratégico incalculable: estrangularía al régimen de los ayatolás, disiparía los temores de los mercados en relación al precio del barril y daría a Trump el argumento más poderoso para negociar el futuro de las relaciones comerciales con Pekín.

Pero los 2.500 hombres y mujeres de la 31 Unidad Expedicionaria de Marines no lo tienen fácil: la flotilla liderada por el USS Tripoli surca el Índico camino del Golfo Pérsico a donde tiene previsto llegar a finales de mes. Para alcanzar Jark debe atravesar primero el ya famoso estrecho de Ormuz y eso, hoy por hoy, no parece sencillo.

Hasta el momento, la actividad militar de EEUU e Israel se ha centrado en la eliminación de la cúpula dirigente iraní y la destrucción de objetivos militares. El régimen está descabezado y su capacidad militar arrasada, pero el control del paso hacia el Golfo Pérsico sigue en manos iraníes.

Irán solo bloquea el tráfico marítimo para EEUU e Israel y sus aliados. En las últimas horas, el petrolero Karachi, ha logrado atravesar Ormuz con éxito, según datos de la rastreadora MarineTraffic. Otros barcos indios o chinos también han cruzado el estrecho. Se estima que solo unas pocas decenas de buques han conseguido pasar desde que comenzó la guerra.

La consultora Clarksons, experta en tráfico marítimo y comercio internacional, publicó recientemente una estimación sobre el número de navíos que ahora surcan el mar Arábigo. Según sus cálculos, alrededor de 3.200 barcos estarían 'atrapados' dentro del Golfo Pérsico. De ellos, 112 son petroleros.

Reabrir Ormuz permitiría no solo desatascar el tráfico de crudo, también dejaría expedito el acceso al mar Arábigo de las unidades que transportan tropas, un paso necesario para afrontar una nueva etapa en la guerra.

Trump anunció este fin de semana que "muchos países" iban a "mandar barcos de guerra en conjunto con Estados Unidos" para mantener abierto el estrecho. Se refirió expresamente a China, Francia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y "otros". La 'invitación' ha recibido escaso eco hasta el momento.

Es posible que el mandatario republicano quiera armar una alianza parecida a la que se creó en la anterior guerra del Golfo, pero sus asesores deben recordarle el final de la guerra de Irak: cuando Washington lanzó su ofensiva terrestre, los iraquíes pusieron en marcha su táctica de 'tierra quemada', incendiando cientos de pozos petrolíferos e inutilizando las instalaciones durante años.

Aquel episodio destruyó el equivalente a 1.000 millones de barriles al ritmo de 5 millones diarios. El precio del crudo pasó de unos 20 dólares por barril a casi 50. No se puede descartar una respuesta parecida por parte de Irán ante una situación desesperada.

Trump no quiere aceptar la responsabilidad de haber ordenado la operación "Furia Épica" para provocar una crisis económica mundial como consecuencia de arrastrar el crudo al nivel de 200 dólares el barril. Necesita asegurar una operación limpia en Jark y, para eso, debe liberar el estrecho o cambiar de planes.

Entender los gestos es importante a estas alturas: Irán ha atacado infraestructuras ligadas al llamado 'bypass de Ormuz', un oleoducto construido en territorio saudí. Esta instalación y otra similar en Abu Dabi, desvían el flujo de crudo directamente hacia el mar Rojo. Si fueran dañadas, solo quedaría el estrecho como punto de salida del oro negro hacia el mundo. Irán quiere dejar claro que esta no es una "pequeña excursión" como Trump decía hace unas semanas.

[Fuente: Por Luis Ezcurra de Alburquerque, El Español, Madrid, 17mar26]

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