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DERECHOS


16ago04


El Paradigma.
Por Fernando Garavito.


Parece ser que Colombia tiene un nuevo paradigma moral. No se trata, claro está, del cardenal primado, ni del presidente de la República, ni de un maestro que haya dedicado su vida a la enseñanza. Se trata de un oscuro señor, acusado de paramilitar en otra época y señalado ante los tribunales de los Estados Unidos como distribuidor de precursores químicos, esenciales para la fabricación de cocaína. Ignoro en qué momento el país dio ese volantín de ciento ochenta grados, y pasó de Darío Echandía, o de Gerardo Molina o de Camilo Torres o de monseñor Valencia Cano, a este saltimbanqui de poca monta. Pero lo que sí se es que Pedro Juan Moreno Villa, el saltimbanqui de marras, dio su propio volantín cuando, desengañado porque no tuvo el privilegio de encabezar el aparato represivo del Estado, resolvió convertirse en l’enfant terrible del régimen. En el fondo de su actitud está el hecho insignificante de que el príncipe lo desdeñó para preferir a otro de sus validos. Y, sin embargo, a pesar de todo eso: de su pasado sórdido y violento que nadie ignora, de su ambición desmedida, de sus reacciones primitivas y de sus amigos poco recomendables, hoy los colombianos le creen, lo reverencian y lo citan como depositario de la verdad revelada. A su alrededor se levanta un coro lleno de “óhes” y “áhes” de admiración y asombro, que no proviene, pásmense ustedes, de los sectores más sórdidos y atrabiliarios del país, sino de las personas comprometidas con un destino diferente para Colombia. ¡Qué hombre!, dicen ellos. ¡Qué honestidad! ¡Qué valor! ¡Qué carácter! De tal manera, la urgencia de conocer la realidad de un régimen de oprobio, ha terminado por convertir a un individuo despreciable en un “atildado empresario”, “amigo de las coplas a lo ñito Restrepo y de los bambucos”. De la noche a la mañana Hyde se transforma en Jekyll, y a uno, sin saber por qué, se le viene a la memoria una vieja y diciente estrofa de Luis Carlos López:

Y la cocina,que no huele a rosas,se encuentra junto a la letrina. Cosas de la raza latina.

Cosas de la raza latina. A este Catón de 0 en conducta se refirió El Nuevo Herald en su edición del 28 de julio. En un artículo que el periódico tituló “Atacan el pasado de álvaro Uribe”, Gonzalo Guillén y Gerardo Reyes cuentan que Moreno Villa discrepó en materia grave de Fabio Echeverri cuando apenas comenzaba la carrera política del actual presidente (o de ese individuo al que le dicen presidente). A Moreno, según parece, no le importaban demasiado los vínculos de la familia Uribe con la mafia de Medellín. Por el contrario, a Echeverri lo desvelaban, pero no por los vínculos propiamente dichos sino por el hecho de que su hijo Luigi, rejoneador de escasas luces, no hubiera sido contratado para presentarse ante los más notorios delincuentes del país, por Alberto Uribe Sierra, un reconocido narcotraficante de segunda línea. Durante dos años consecutivos Uribe Sierra, el padre del “primer magistrado” (sic), desechó a Luigi frente a Dairo Chica y a Fabito Ochoa, el hijo del gordo patriarca de la cocaína. Y eso no se perdona.

Desde allá viene el enfrentamiento. Moreno Villa, incondicional del protegido de la mafia. Echeverri Correa, habilidoso y acomodaticio. Pero esa es una historia que “La otra verdad” contó en medio de numerosos paréntesis y que no vale la pena repetir. Ahora lo que importa es señalar que Moreno y Echeverri entraron en contradicción, que el segundo derrotó al primero en la puja por ocupar el puesto de camarlengo de palacio, y que Moreno se dedicó, por ese único y exclusivo motivo, a hacer denuncias y a fomentar escándalos. En él no priman ninguna clase de principios, porque no los tiene, ni de razones de Estado, que desconoce, ni la ética pública, que lo tiene sin cuidado, ni el bienestar del país, que le importa sencillamente un pito. A él lo único que le molesta es no haber podido desarrollar sus planes represivos con base en la inmunidad (mejor, con base en la impunidad) que le hubiera extendido el hecho de ser un agente privilegiado del Estado.

Como se trata de un ser primitivo, no es difícil reconstruir su esquema de pensamiento. Veamos.

“Ajá, debe pensar para sí mismo, ¿con que no me nombraron consejero de seguridad? Pues tengan, para que vean”. Y saca a relucir la forma como se dilapidaron en prostíbulos y francachelas los dineros de los gastos reservados de la Policía, a consecuencia de lo cual cae el director de la misma, general Teodoro Ocampo, con cuatro de sus más altos oficiales.

“Ajá, se angustia días después, ¿con que prescindieron de mí como superintendente de seguridad? Pues van a ver lo que es bueno”. Y desenrosca el nido de corrupción que hay en INVíAS, lo que lleva a la renuncia de su directora y a una de esas investigaciones “a fondo” que anuncia el gobierno de vez en cuando y que, ya se sabe, no llevan a ninguna parte.

“Ajá, se acuerda pocas semanas más tarde, ¿con que se olvidaron de mí y no me dieron siquiera la Dirección del DAS? Pues van a ver con quién se metieron”. Y helo ahí con el cuento de las toallas sanitarias vendidas por el consejero de Uribe, José Roberto Arango, por el vicefiscal general de la Nación, Andrés Ramírez y por las familias de uno y otro, lo que causa un pequeño temblor de tierra que sacude el castillo de naipes.

“Ajá, repite otra vez días más tarde, ¿con que ni siquiera fueron capaces de ofrecerme una pinche embajada como la que tampoco le dieron a Santiago Medina? Pues aquí les tengo su guardadito”. Y publica una fotografía en la cual se ve al general Ismael Trujillo Polanco en medio de un diálogo muy animado con el narcotraficante Elías Cobo, publicación que determina la renuncia del militar, hasta entonces director del Fondo Rotatorio de la Policía.

Es de suponer, entonces, que vendrán nuevos y mayores escándalos. Pero, ¿se habría producido la renuncia de Trujillo, si a Moreno le hubieran dado la embajada en Grecia? ¿Sabría hoy el país que Arango y Ramírez eran dos indeseables, si a Moreno lo hubieran nombrado director del DAS? ¿Estaríamos enterados de los descalabros de INVíAS, si Moreno fuera hoy superintendente de Seguridad? ¿Tendríamos noticia del destino de los fondos reservados, si Moreno estuviera ahora mismo en el despacho del consejero de seguridad? La respuesta se cae de su peso: no por ese conducto. Moreno no hubiera dado a conocer ninguno de esos delitos si le hubieran entregado el cuerpo represivo que quería manejar a su acomodo, y si hoy, en lugar de tener una revistica de medio pelo, estuviera detrás de un escritorio disponiendo, a lo Montesinos, sobre la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

En un país respetuoso del ordenamiento jurídico, este individuo estaría desde hace años en la cárcel. Aquí no. Aquí su prontuario le sirve para dirigir una cruzada de limpieza del sector público y para recibir aplausos de la galería. Pero no es para tanto. Porque aparte del negocio de los precursores químicos en el cual no se aclaró en forma suficiente por qué un volumen apreciable de las importaciones de permanganato de potasio que hizo su empresa desde China fueron a parar en manos de Carlos Castaño en Córdoba y Urabá, lo más significativo en la carrera de este indeseable es su entusiasta vinculación a los paramilitares. Desde un comienzo.

En efecto, en agosto de 1983, veinte ganaderos del Magdalena Medio se reunieron con el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, y con el procurador general de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, para plantearles la situación de orden público de la zona. El encuentro fue tenso porque entre los asistentes estaban varios integrantes del MAS (Muerte a Secuestradores), el grupo organizado por el clan de los Ochoa para vengar el atropello que un grupo de delincuentes comunes (como ellos, vale decir) cometieron contra una de sus hermanas. No sobra recordar que el MAS fue el punto de partida de los paramilitares. Pues bien. Pocos días después de la reunión, que fue reseñada por el Diario Oficial en su edición del 22 de agosto de ese año, El Colombiano publicó el texto de una rectificación dirigida por Jiménez Gómez al vocero de los ganaderos, Pedro Juan Moreno Villa, quien le había enviado una carta para felicitarlo por “el cambio de actitud de su despacho en relación con la difícil situación de orden público y la seguridad de la región del Magdalena Medio”. Jiménez Gómez puso al impertinente en su sitio. Pero fíjense ustedes: desde entonces, vale decir: desde 1983, el nuevo guía moral de la Nación actuaba como vocero de una organización criminal. Y de ahí en adelante, como lo demostró fehacientemente en la Secretaría de Gobierno de Antioquia durante el mandato de Uribe Vélez, Moreno no se separó jamás de esas malas compañías.

Pero a todo chancho le llega su san Martín, y fue así como el Departamento de Estado de los Estados Unidos, le ordenó a Uribe no vincularlo a su administración. Salió entonces con el rabo entre piernas, pero con una información envidiable sobre lo que ocurre puertas adentro en el grupo del gobierno, que comenzó a publicar, gota a gota, bajo la mirada absurda de un país que no sabe para dónde mirar, y que lo convirtió de la noche a la mañana en lo que es hoy, el ejemplo a seguir, el valiente ciudadano, el empresario honorable, el enmascarado de plata, el llanero solitario, el Benitín y Eneas, el Olafo el amargado.

Las denuncias sobre la corrupción en que naufraga este gobierno (en que naufragan todos nuestros gobiernos) son imprescindibles, pero no tienen por qué originarse en los nudos más complejos de la delincuencia. El sistema acusatorio tiene sus bemoles. Por lo pronto, sin darse cuenta cabal de lo que hace, el país, el verdadero país, le ha rebajado la sentencia a Moreno con base en estas delaciones. Por eso es urgente precisar que Moreno y su otra verdad siguen siendo parte del juego y que, en contravía, sólo están al servicio del príncipe y de sus intereses. Si no fuera de ese modo, ¿por qué lo que dicen y hacen se queda siempre en la superficie? Un artículo de Moreno y una renuncia en Palacio. Nada más fácil. Pero detrás, el enorme océano que nadie toca y que está a punto de acabar con lo poco que queda de nosotros.

Cuando sujetos de esta catadura sean los llamados a convertirse en la guía ética de un país como el nuestro, ese país está condenado al fracaso.

Democracia es no.

(A comienzos de esta semana el periódico de la comunidad hispana del sitio donde vivo me solicitó explicarle en un artículo sencillo a los trabajadores latinoamericanos de los estratos uno y dos, qué es lo que ocurre en el actual proceso político de Venezuela. Esto fue lo que escribí):

Lo dijo Carlos Andrés Pérez, ex presidente de Venezuela, el 25 de julio: Chávez debe morir. Y debe morir como un perro.

Sorprendente. Según parece, la extrema derecha latinoamericana entra en el desespero.

¿Qué pasó en Venezuela, uno de los países más ricos del continente, pero sumido, a la vez, en agudas contradicciones? La respuesta es sencilla.

Pasó que la socialdemocracia encabezada por Pérez, destrozó al país con una política económica absurda, que acabó con las reservas internacionales y cerró los planes de beneficio social para millones de venezolanos.

Pasó que la derecha moderada de Rafael Caldera no logró rescatar al país del desastre provocado por el régimen anterior, y se dedicó a proteger intereses arcaicos que acabaron de agudizar el problema.

Pasó que el antiguo militar golpista, Hugo Chávez, señalado por muchos como un excéntrico, llegó al poder con una nítida mayoría, que no pudo desconocer ninguno de sus adversarios.

Pasó que Chávez inició un gobierno de corte popular, si se quiere “populista”, que de inmediato provocó el rechazo airado de los sectores más retardatarios de la política continental y venezolana.

Pasó que la oposición organizó un golpe de estado, que fracasó en abril del año 2002 gracias a la rápida movilización de grupos civiles y de sectores de las Fuerzas Armadas leales al presidente.

Pasó que esos mismos sectores provocaron en noviembre del mismo año una huelga patronal en Petróleos de Venezuela, que fracasó en su intento de derrocar al gobierno, y le permitió al presidente ahondar en sus reformas económicas y sociales.

Pasó que la oposición logró provocar un referendo que decidirá, el próximo domingo, si Chávez permanece en el cargo hasta que termine su período en enero del 2007, o debe retirarse de inmediato.

Pasó que el domingo pasado, cerca de dos millones de personas manifestaron su apoyo a Chávez en un gigantesco desfile en Caracas, que fue pacífico y fue majestuoso.

Pasó que Pérez, ¡miembro de la Internacional Socialista!, declaró que el referendo será un fracaso para la oposición, la cual deberá empeñarse en derrocar al gobierno de manera violenta.

Todo eso pasó. Pero, ¿qué pasará?

Pasará que el próximo domingo, 15 de agosto, los venezolanos dirán NO: NO a la salida de Chávez. No al regreso de un régimen contrario a los intereses de los desprotegidos.

Será un no que consolidará la democracia. Porque es necesario recordar que Chávez fue elegido democráticamente por el voto de la mayoría de sus conciudadanos, que ha presidido un gobierno honesto y que está trabajando dentro del juego que permite un régimen político basado en la igualdad y en las libertades ciudadanas.

Chávez no ha violado las reglas. Pero la oposición, por intermedio de Pérez, un hombre de 81 años que sostiene, contra toda lógica, que él es “el futuro”, entra en el desespero. Y anuncia, entonces, que ante el fracaso de su propuesta política, el presidente, un líder de extracción popular que ha comenzado a adquirir un enorme ascendiente sobre Latinoamérica, “debe morir”. Y, peor, que “debe morir como un perro”.


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small logoEste documento ha sido publicado el 07sep04 por el Equipo Nizkor y Derechos Human Rights